Empieza con un comentario, una mirada que insiste, alguien que se pone a andar detrás de ti. En unos segundos el espacio público se tuerce y ya no eres del todo libre de moverte. Lo peor suele ser el bloqueo: ese momento suspendido en el que no sabes si contestar, acelerar o hacer como si nada.

Que quede claro de entrada: no hay una reacción correcta, y desde luego no hay ninguna reacción que le debas a nadie. Tu seguridad va por delante de cualquier principio, por delante de las ganas de poner a esa persona en su sitio, por delante del miedo a "montar un numerito". Te adaptas, improvisas, y está muy bien así.

En el momento, lo que de verdad ayuda es romper el aislamiento con el que cuenta quien acosa. Ve a un sitio con gente, entra en un comercio, dirígete a alguien, aunque sea un desconocido. Quien acosa busca a una persona sola; detesta los testigos. No necesitas explicarte ni justificarte ante nadie, basta con estar acompañada.

Tampoco tienes obligación de responder, ni de sonreír para rebajar la tensión. Ignorar y seguir andando con paso decidido es una respuesta perfectamente válida, y a menudo la más segura. Y si puedes, quédate con un sitio, una hora, una descripción: útil si decides denunciar, sin la menor obligación de hacerlo.

Por último, apóyate en los puntos de apoyo que tengas alrededor. Los locales asociados a SHARIXY forman a su personal para atender a alguien que se sienta seguido o amenazado. Empujar esa puerta y decir "no me siento segura" es un derecho, nunca una molestia. Y recuerda, aunque en el momento cueste oírlo: el único responsable de esta situación es quien acosa. Nunca tú, ni tu ropa, ni tu hora, ni tu recorrido.