Correr sola es un rato para ti. Los auriculares, la respiración, la ciudad todavía dormida o ya acostada. No te apetece cargar eso con un móvil que consultar o mensajes que enviar. Y sin embargo, el amanecer y la noche son justo las horas en las que te gustaría que alguien lo supiera, por si acaso.
El problema de las soluciones habituales es que te piden un gesto en el peor momento. En pleno esfuerzo no vas a pararte a avisar, ni se te va a ocurrir escribir si se te tuerce un tobillo al fondo de un parque desierto. La seguridad que depende de tu vigilancia te abandona exactamente cuando la necesitas.
Por eso el mecanismo que funciona aquí va al revés. Antes de salir, inicias una salida en solitario con una hora de vuelta. Guardas el móvil y corres. Si vuelves a tiempo, no molestas a nadie y todo se borra. Pero si esa hora pasa sin la menor señal de vida, se avisa a tus contactos y se les transmite tu última ubicación conocida.
Este principio tiene un nombre algo siniestro, el dead man's switch, tomado de los oficios en los que se trabaja en solitario en sitios peligrosos. La idea es buena a pesar del nombre: tu seguridad no depende de una acción que tengas que conseguir hacer, sino de un silencio anómalo que actúa por sí solo. No tienes nada que activar. Es la ausencia de noticias la que activa.