En varios países una campaña hizo famosa una frase para deslizarle al camarero: "¿Está Angela?". Angela no existe. Es una contraseña. Le indica al personal formado que quien la pronuncia no se siente segura, muchas veces por culpa de alguien sentado justo al lado, y que hay que ayudarla a salir discretamente: llamar a un taxi, acompañarla, sacarla por detrás.
Lo que hace que la idea funcione tan bien es que no exige ninguna confrontación. No hace falta levantar la voz, ni señalar a nadie, ni arriesgarse a una escena. Una palabra corriente en medio del ruido, y la ayuda se pone en marcha sin que la persona incómoda entienda qué está pasando.
SHARIXY retoma ese principio y lo lleva un paso más allá, porque incluso pronunciar una frase puede ser complicado cuando te están vigilando de cerca. En un local asociado puedes enviar una alerta discreta al equipo sin decir palabra y sin sacar el móvil más de dos segundos. El personal, formado de antemano, recibe la señal y sabe qué hacer.
El verdadero cambio es además saber de antemano dónde están esos sitios. Aparecen en el mapa de la aplicación, y esta puede incluso avisarte cuando entras en uno de ellos. Localizar un lugar seguro antes de necesitarlo convierte una ciudad en un territorio donde sabes, en todo momento, hacia qué puerta girarte.