Lleváis unos días hablando. Los mensajes tenían gracia, las fotos coinciden más o menos, y acabaste proponiendo tomar algo. Luego, en algún punto entre el momento en que quedó cerrado y el momento en que empezaste a arreglarte, apareció una vocecita. No conoces a esta persona. No de verdad.
Esa voz no es paranoia. Es sentido común buscando las palabras. La inmensa mayoría de las citas salen bien, y no hay ninguna razón para afrontar la noche con un nudo en el estómago. Pero prepararse no es esperar lo peor: es sencillamente negarse a dejarlo todo al azar.
Empieza por el sitio. Un lugar público, con gente, a ser posible uno que ya conozcas. Evita el "mejor vente a mi casa" de la primera noche, por encantador que suene, y mantén el control de tu trayecto en ambos sentidos. Llegas por tus medios y te vas por tus medios. Esa autonomía parece poca cosa, pero es justo lo que te deja libre para marcharte cuando quieras.
Después, dile a alguien dónde estás. Una amiga, un hermano, tu compañera de piso. No para que te vigilen, sino para estar acompañada a distancia. Es exactamente lo que SHARIXY hace en segundo plano: la persona que has elegido ve cómo va tu noche sin que tengas que escribirle cada diez minutos. Respondes a un control con un gesto y vuelves a tu conversación.
Prevé también tu salida. Decide de antemano qué vas a decir si te entran ganas de irte, para no tener que improvisar una excusa estando ya incómoda. "Me tengo que ir" es una frase completa. No le debes explicaciones a nadie.
Y sobre todo, escucha ese malestar si aparece. No es timidez, es información en bruto. Cuando algo no encaja y no sabrías decir qué, tu cuerpo suele haberlo entendido antes que tú. Cortar una noche no cuesta nada. Arrepentirse, sí.